El Mostro y el Muchacho de los Ojos Tristes llevaban el fuego. Navegaban en el océano. Nunca los revueltas del mar habían sido tan luminosas. Cerca, como un zoom, en el borde de la X, conocieron el primer acto de justicia y de amor: tenían el deseo de escribir una ciudad, salir y despejar la X, la incógnita, y escribir el nombre al otro lado del signo para dar fe al acto: Posmópolis, Posmópolis, Posmópolis.